La economía de la identidad: por qué tu « CV no oficial» importa más que nunca

 

En mi opinión tener en consideración tu CV no oficial en una economía de la identidad es crucial, por eso he decidido compartir las siguientes líneas sobre el tema.

Hace unos días escuchaba a la reconocida terapeuta y autora Esther Perel compartir una reflexión que me hizo detenerme y pensar:

 Queremos que nuestro trabajo nos aporte significado, propósito, comunidad, sentido de pertenencia y realización personal.»

Esa sola frase me llevó a escuchar la entrevista completa, resume a la perfección un cambio profundo y sistémico en la forma en que entendemos nuestras carreras profesionales.

Hemos pasado de una economía centrada en la productividad —donde trabajábamos principalmente para mantener a nuestras familias— a una economía de servicios y, más recientemente, a una economía de la identidad. A medida que las instituciones tradicionales y los espacios comunitarios han perdido peso, el lugar de trabajo se ha convertido en nuestro principal entorno social: el espacio donde buscamos conexión, reconocimiento y una parte importante de nuestra identidad.

Sin embargo, existe un problema evidente: mientras la carga emocional que depositamos en el trabajo ha aumentado de forma exponencial, nuestra manera de gestionar y desarrollar nuestras carreras no ha evolucionado al mismo ritmo.

El problema: seguimos jugando con reglas del pasado

En mi trabajo como consultora y career coach, observo constantemente cómo la falta de autoconocimiento influye en decisiones profesionales clave. Muchos profesionales siguen separando de forma estricta su «yo personal» de su «yo profesional».

Es aquí donde Esther Perel comparte otra idea brillante:

Creo que todos acudimos al trabajo con un currículum oficial y un currículum no oficial. El currículum oficial refleja lo que has hecho, dónde has estudiado y qué puestos has ocupado. Sin embargo, eso me dice muy poco sobre cómo es realmente trabajar contigo: cómo gestionas el poder, cómo te posicionas, cómo colaboras o cómo respondes ante la autoridad.»

Actualmente, el mercado laboral continúa obsesionado con el currículum oficial. Los candidatos hacen grandes esfuerzos por cumplir todos los requisitos técnicos, mientras las empresas buscan la coincidencia perfecta sobre el papel. En ese proceso, ambas partes pasan por alto el elemento más importante: la persona que hay detrás de la trayectoria profesional.

La desconexión entre el talento y las organizaciones

Después de años trabajando en el ámbito del desarrollo de carrera profesional, la brecha entre lo que buscan los profesionales y lo que ofrecen muchas organizaciones nunca ha sido tan evidente.

Los profesionales avanzan más rápido que las empresas

Los candidatos están invirtiendo activamente en su crecimiento personal y profesional. En las sesiones de coaching ya no hablamos únicamente de competencias técnicas; profundizamos en valores, motivaciones, fortalezas diferenciales y propósito profesional.

Cada vez más personas buscan:

  • Salir de entornos laborales tóxicos.
  • Identificar habilidades transferibles.
  • Fortalecer su marca personal.
  • Encontrar un trabajo alineado con sus valores.
  • Recuperar la satisfacción y el disfrute en lo que hacen.

Las organizaciones siguen mirando con una visión limitada

A pesar de los cambios del mercado, muchas estrategias de selección y gestión del talento continúan centrándose casi exclusivamente en títulos, certificaciones y experiencia previa.

Al ignorar ese «currículum no oficial» —la forma en que una persona piensa, se relaciona, lidera, aprende o afronta los desafíos— las organizaciones dejan de ver a la persona en su totalidad.

El resultado es una creciente desconexión entre el talento disponible y las oportunidades que las empresas ofrecen, generando una falta de encaje que afecta tanto a profesionales como a organizaciones.

Elevando el nivel

Las consecuencias de esta desconexión ya son visibles en todo el mundo: el aumento del ghosting corporativo, el incremento de las bajas laborales por enfermedad y una sensación cada vez más extendida de falta de propósito en el trabajo.

Sin embargo, el cambio ya está en marcha y surge desde la base. Las nuevas generaciones de profesionales no están esperando permiso para mostrarse tal como son; están llevando su versión más auténtica al entorno laboral. El desarrollo personal ha dejado de ser un lujo o un aspecto complementario para convertirse en una necesidad estratégica y fundamental.

Si queremos construir organizaciones más saludables y vidas profesionales más satisfactorias, tanto las empresas como los profesionales deben replantearse cómo entienden el talento. Ha llegado el momento de quitarnos la venda de los ojos, mirar más allá de los puntos que aparecen en un currículum y empezar a contratar —y a trabajar— valorando aquello que realmente nos define como personas.

 

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